La elección en Brasil en clave religiosa
Brasil vota este fin de semana entre polémicas por apuestas deportivas y escándalos de fe. Mientras la campaña se enciende con una fuerte polémica religiosa, Lula sorprendió al alzar la imagen de la Virgen de Nazaré en un acto público, buscando reconciliarse con el electorado creyente.
Por Lisandro Bellomio
Brasil vota este fin de semana entre polémicas por apuestas deportivas y escándalos de fe. Mientras la campaña se enciende con una fuerte polémica religiosa, Lula sorprendió al alzar la imagen de la Virgen de Nazaré en un acto público, buscando reconciliarse con el electorado creyente.
Las elecciones en Brasil son un tema que atraviesa a la política a escala global. Siendo un país que se encuentra dentro de las 10 economías más grandes del mundo, Brasil es la más grande de América Latina y el principal motor comercial de la región.
Lula y Bolsonaro -Flavio, aunque encomendado por su padre Jair-, son dos figuras que representan una confrontación que polariza en todas las variantes que giran en torno a la política. A las cuestiones tradicionales ya las conocemos: marxismo y liberalismo, progresismo y conservadurismo, alineamientos internacionales (EEUU vs BRICS), etc.
Sin embargo, tal parece que en la última semana de campaña aún había tiempo para agregar una polarización más: la religiosa.
Claramente esta no es una confrontación “nueva”. Lejos de ser un factor improvisado, los contendientes ya tenían la variable religiosa en su radar y la venían midiendo con cuidado. Lo que ocurrió en la última semana fue una suerte de aceleración: la aparición de Lula alzando la imagen de la Virgen de Nazaré terminó de encender un fuego que ya estaba latente. Lo que antes era un cálculo silencioso de campaña se transformó, en cuestión de horas, en un capítulo central de la disputa.
Algunos datos:
Según el último censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), las distintas corrientes evangélicas crecieron 5,2 puntos entre 2010 y 2022. Ese avance se explica, en gran medida, por el retroceso de los católicos, que pasaron del 65,1 % al 56,7 % de la población en esos doce años.
Los evangélicos siguen expandiéndose en Brasil y ya constituyen el 26,9% de los habitantes mientras que, en paralelo, el catolicismo cayó a su nivel más bajo de la historia, aunque continúa siendo la fe predominante con el 56,7% de los fieles.
En términos parlamentarios, el Frente Parlamentario Evangélico del Congreso Nacional suma más de 200 legisladores. Específicamente en la Cámara de Diputados, cuenta con 211 diputados federales, lo que equivale a más del 40% de las 513 bancas de la Cámara baja.
El funcionamiento de la bancada evangélica rompe con la lógica tradicional de los partidos políticos. En el sistema brasileño, este bloque opera bajo una dinámica suprapartidaria, lo que significa que sus miembros priorizan la identidad religiosa y los valores morales compartidos por encima de las ideologías de los partidos en los que militan. Es decir, muchas veces pueden haber votos cruzados más allá de las definiciones partidarias.
Ese peso legislativo no es un dato menor. La bancada evangélica funciona como un actor de veto y de negociación permanente: ningún gobierno puede ignorarla si pretende aprobar reformas clave. Su influencia se extiende a temas como el aborto, la «ideología de género», la educación sexual y los derechos de las comunidades LGBT, pero también a la agenda económica y de seguridad.
En ese marco, la aparición de Lula con la Virgen de Nazaré no fue un gesto ingenuo ni meramente simbólico. Buscó disputar un territorio que la derecha ha sabido capitalizar: el de la fe como identidad política. El catolicismo, aunque en retirada, sigue siendo mayoritario, y las acciones de este estilo tienen una carga emocional y cultural difícil de medir en encuestas.
Flavio Bolsonaro, por su parte, heredó de su padre un vínculo aceitado con los sectores evangélicos más conservadores. Ese vínculo no se construyó solo con discursos, sino con gestos concretos: la promoción de pastores en cargos públicos, la defensa de la «familia tradicional» y un alineamiento internacional con potencias cristianas conservadoras.
Así, la campaña entra en su recta final con una disputa que ya no se libra solo en el terreno de la economía o la gestión, sino también en el de la salvación. Y en Brasil, donde la fe mueve multitudes, ese terreno puede definir una elección.

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