Avenidas vacías: los locales cerrados en CABA crecieron casi 60% en un año y encendieron todas las alarmas
El cierre masivo de comercios no solo destruye empleo: también vacía la vida barrial. Menos locales significan menos movimiento, menos seguridad, menos oferta cultural, menos servicios. Y, a la larga, menos ciudad.

Las imágenes de avenidas históricas repletas de persianas bajas ya no sorprenden: se volvieron parte del paisaje cotidiano porteño. Según los relevamientos más recientes, la cantidad de locales vacíos en la Ciudad de Buenos Aires aumentó casi un 60% en el último año, un salto que refleja con crudeza el deterioro del comercio, el consumo y la actividad económica.
Calles como Cabildo, Rivadavia, Santa Fe, Corrientes y Pueyrredón, que durante décadas fueron centros vibrantes y llenos de movimiento, hoy muestran cuadras enteras con carteles de “Se alquila”, vidrieras apagadas y negocios que no lograron sobrevivir al combo explosivo de inflación, tarifas altas, alquileres impagables y caída del poder adquisitivo.
En un contexto donde cada vez más personas recortan gastos y priorizan lo básico, muchos comercios —especialmente pymes y emprendimientos familiares— no pudieron soportar la caída en las ventas. Para muchos comerciantes, abrir el local implicó perder plata; para otros, sostener un alquiler mensual se volvió directamente imposible.
El cierre masivo de comercios no solo destruye empleo: también vacía la vida barrial. Menos locales significan menos movimiento, menos seguridad, menos oferta cultural, menos servicios. Y, a la larga, menos ciudad.
El Gobierno insiste en que el ajuste era necesario, pero los números muestran que la recesión está golpeando fuerte y sin freno. La postal de las avenidas vacías revela algo más profundo que una simple caída del consumo: una economía frenada, familias que ya no llegan a fin de mes y un modelo que está dejando a miles afuera.
Si las avenidas más emblemáticas —las que siempre resistieron crisis, devaluaciones y ciclos económicos— hoy están vacías, el mensaje es brutal: el impacto es más profundo de lo que el Gobierno quiere admitir.
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