La CGT le marcó la cancha al gobierno: “No vamos a permitir la destrucción de los derechos laborales”
La postal de la reunión en Casa Rosada lo dijo todo: todos sonrientes menos uno. Gerardo Martínez, titular de la UOCRA y representante de la CGT, posó serio, incómodo, casi a disgusto. Y tenía motivos. Lo que el gobierno llama “modernización laboral” no es más que el viejo sueño liberal: licuar derechos, achicar sindicatos y abaratar trabajadores.

Durante el encuentro, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, enumeró los puntos del proyecto que presentarán el 9 de diciembre. Un festival contra los laburantes: convenios por empresa por encima de los de rama, retroceso de conquistas, recorte de delegados, licencias médicas pagadas a medias, antigüedad que vuelve a cero con cada contrato y un sinfín de ajustes diseñados para debilitar al trabajador y fortalecer a la patronal.
Martínez lo dijo sin rodeos:
“Hablar de una reforma laboral en un país donde se quitan derechos es insólito. La CGT no lo va a aceptar.”
Lo que siguió fue tensión pura. Al terminar la reunión, Martínez fue directo al despacho de Santiago Caputo para dejar en claro que ninguno de los puntos es aceptable. Pero no obtuvo ninguna señal de apertura. El gobierno está decidido a avanzar y, como se encargaron de remarcar, a hacerlo rápido.

La CGT ya empezó a mover sus fichas: diálogo con gobernadores, legisladores y cámaras empresarias más cercanas al entramado productivo real, especialmente las PyMEs. No es la primera vez que la central obrera enfrenta un embate de este tipo. Ya frenó el capítulo laboral del DNU 70/2023 y ahora se prepara para otro round.
La pregunta que todos hicieron a la salida flotó en el aire:
¿Puede haber paro?
“Sí”, respondió Martínez casi sin pensar. Un mensaje directo, sin eufemismos.
El gobierno planea presentar el proyecto un día antes del recambio legislativo. Una jugada política para exhibir poder. Pero también un gesto que confirma lo que ya se sabe: el ajuste va por los que trabajan.
Martínez lo dejó claro:
“Están en juego los derechos individuales y colectivos. La CGT no se va a quedar de brazos cruzados.”
Se viene una batalla grande. Y esta vez, no hay margen para distraídos: lo que está en juego es el corazón mismo del modelo laboral argentino.
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