CIERRE EN CAROMAR SAN JUSTO: 63 DESPIDOS QUE EXHIBEN LA PROFUNDIDAD DE LA CRISIS DEL CONSUMO

El cierre de la sucursal de Caromar en San Justo dejó un saldo devastador: 63 trabajadores despedidos de un día para el otro, sin transición, sin plan de reubicación y sin una explicación que no esté directamente vinculada a la brutal caída del consumo que atraviesa el país.

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La empresa mayorista —reconocida en el oeste del Conurbano por su fuerte presencia en el rubro limpieza, pañales, cosmética y perfumería— bajó las persianas de una de sus sucursales más grandes, dejando en evidencia que ni las firmas consolidadas pueden sostenerse frente a un contexto económico que asfixia a familias y comercios por igual.

Según relataron empleados afectados, el anuncio llegó sin aviso previo. Muchos se enteraron al llegar a su turno de trabajo y encontrar la puerta cerrada. Otros fueron notificados mientras cumplían con sus tareas. El impacto emocional fue inmediato: personal con años de antigüedad quedó en la calle en cuestión de horas, sin alternativas claras y con un mercado laboral que hoy ofrece más incertidumbre que oportunidades.

El caso de Caromar se suma a una larga lista de cierres y achiques en empresas del sector comercio, donde la caída del consumo golpea de forma directa y feroz. Las ventas en rubros esenciales como limpieza, higiene y productos básicos se desploman mes a mes, señal de que los hogares argentinos recortan hasta lo que antes parecía imposible de recortar.

Para los trabajadores despedidos, la preocupación no sólo pasa por el ingreso perdido, sino también por la falta de información sobre los pasos a seguir: liquidaciones, indemnizaciones, continuidad de obra social y la posibilidad de reincorporación en otras sucursales. El silencio empresarial profundiza el desconcierto.

WhatsApp-Image-2025-12-01-at-1.53.17-PM-819x1024 CIERRE EN CAROMAR SAN JUSTO: 63 DESPIDOS QUE EXHIBEN LA PROFUNDIDAD DE LA CRISIS DEL CONSUMO

El cierre deja además una marca en el barrio: decenas de familias sin empleo y un comercio menos en un área ya golpeada por persianas bajas y comercios que no logran resistir. La postal se vuelve cada vez más repetida y empieza a naturalizarse un fenómeno que debería encender todas las alarmas.

Mientras tanto, las organizaciones sindicales evalúan medidas y reclamos, y los trabajadores analizan acciones legales. Lo único cierto es que, detrás del cartel de “cerrado”, quedan historias personales quebradas por una crisis económica que no da tregua.

Si querés, te hago también una versión más corta para redes o una más editorializada y crítica.

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