La megaestafa de Induplack: la trama criminal que arruinó los sueños de cientos de familias argentinas

Lo que comenzó como un “negocio seguro” para acceder a la vivienda propia terminó revelándose como una maquinaria de estafa sistemática, ejecutada con frialdad quirúrgica por un clan familiar y colaboradores que, según la Justicia, actuaron bajo una estructura organizada y deliberada durante años.

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Durante años, un entramado empresarial cuidadosamente montado operó a plena luz del día, vendiendo confianza mientras construía uno de los fraudes inmobiliarios más grandes de la historia reciente. Hoy, el caso Induplack —expediente penal 18025/20— acumula más de 700 denuncias, múltiples detenciones, sociedades fantasma, cheques sin fondos, cuentas offshore y cientos de familias devastadas que todavía esperan justicia.

Primera etapa: el modelo perfecto para engañar a quienes buscaban un hogar

El grupo detrás de Induplack no improvisó: diseñó un esquema meticuloso basado en sembrar confianza. Proyectos inmobiliarios seductores, promesas de entrega rápida, oficinas montadas, contratos prolijos y vendedores entrenados para cerrar operaciones con rapidez.

El clan L’Abbate —Vito, Emanuel, Santiago y Juan Ignacio, junto con Patricio Gastón Flores— creó y administró una red de múltiples sociedades anónimas y SRL, muchas con idénticos objetos sociales y domicilios, rotando nombres, autoridades y estructuras para dificultar cualquier rastreo.

Entre esas sociedades aparecían familiares, ex parejas y personas cercanas, como Carolina Carnevale, quien figura como socia en al menos siete empresas junto a Emanuel L’Abbate. A pesar de su peso en el entramado societario, aún no fue citada a declarar, aunque se encuentra imputada.

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La captación de víctimas: departamentos vendidos hasta seis veces

La maniobra era simple y brutal: captar gente desesperada por acceder a una vivienda y venderle departamentos inexistentes, en obra o directamente ya vendidos varias veces.

Los informes judiciales y periodísticos muestran que el clan llegó a vender un mismo departamento hasta seis veces, generando ganancias millonarias con nada más que papeles y promesas.

Las víctimas son familias, jubilados, parejas jóvenes, trabajadores que pusieron ahorros de toda una vida. Muchos entregaron todos sus recursos creyendo que por fin accederían a su hogar. Otros se endeudaron con bancos o familiares. Todos terminaron igual: sin departamento, sin dinero y sin respuestas.

El estallido: cheques sin fondo, denuncias masivas y la caída del esquema

El fraude empezaría a resquebrajarse cuando comenzaron a rebotar cheques por más de 115 millones de pesos, lo que destapó el escándalo. Los reclamos se multiplicaron y las víctimas empezaron a organizarse.

A partir de 2020, y especialmente entre 2023 y 2024, las denuncias crecieron exponencialmente, llegando a más de 700 presentaciones penales, una escala tan grande que en septiembre de 2025 la Justicia se vio obligada a unificar querellas por la magnitud del expediente.

La causa avanzó y la evidencia acumulada permitió imputar al clan por estafa agravada, asociación ilícita y desbaratamiento de derechos acordados.

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Las detenciones: un clan cercado por la Justicia

A lo largo de 2025 se produjeron varias detenciones:

  • Vito L’Abbate
  • Emanuel L’Abbate
  • Santiago L’Abbate
  • Juan Ignacio L’Abbate
  • Patricio Gastón Flores

Incluso, algunos intentaron evadir su responsabilidad: se negaron a declarar, evitaron responder preguntas y presentaron estrategias dilatorias, mientras las víctimas seguían sin recuperar un peso.

Con la detención del clan, la causa dejó de ser un “conflicto comercial” —como intentaron instalar los acusados— para ser reconocida como una megaestafa con organización criminal.

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El rol de Predial: los Brodsky en la mira

Además del núcleo L’Abbate, la Justicia también avanzó sobre la inmobiliaria Predial, cuyos directivos Pablo y Gabriel Brodsky estuvieron procesados.

En agosto de 2025, un fallo señaló que no había mérito aún para procesarlos ni sobreseerlos, pero los acusados se movieron rápidamente para exigir el sobreseimiento.

Sin embargo, en octubre, una de las querellas presentó información sobre una cuenta offshore vinculada a uno de ellos, presuntamente usada para desviar activos, lo que abrió una nueva línea de investigación.

Noviembre 2025: nuevos movimientos judiciales y pedidos urgentes

Un documento reciente del Juzgado Criminal y Correccional N° 40, fechado en noviembre de 2025, muestra que la causa avanza: se pidieron libros contables secuestrados, se abrieron nuevos incidentes y se mantienen activos múltiples requerimientos judiciales.

Mientras tanto, las víctimas siguen acercándose a Tribunales. Algunas llevan más de cinco años esperando una solución. Muchas perdieron todo: ahorros, sueños y estabilidad emocional.

Un fraude que dejó heridas profundas y una justicia que llega tarde

El caso Induplack no es sólo una estafa inmobiliaria: es una tragedia social.
Es el reflejo de un sistema que falla y permite que grupos organizados operen impunemente durante años, captando víctimas vulnerables que solo buscaban un techo digno.

El Estado estuvo ausente. Los controles fallaron. Las advertencias nunca se atendieron.
Cuando el escándalo explotó, ya era demasiado tarde.

Mientras los responsables intentan despegarse, victimizarse o acomodar cuentas en el exterior, cientos de familias siguen pagando alquiler, endeudadas, sin hogar y sin justicia.

La pregunta es inevitable:
¿Cuánto más deberá esperar la gente para que el Estado y la Justicia actúen con la contundencia que este caso exige?

La respuesta, por ahora, sigue pendiente. Pero lo que está claro es que el caso Induplack ya quedó grabado como una de las estafas más crueles y devastadoras de los últimos tiempos.

Y que las víctimas no van a dejar de exigir lo que les pertenece: verdad, cárcel para los responsables y restitución económica.

Para aportar más pruebas mandar correo a: tomasrothh1@gmail.com

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