Honduras: la victoria de “Papi” Asfura y la campaña que se jugó (también) en el teléfono

La noche del triunfo no se explica solo con urnas y fiscales. Se explica con pantallas. Con microvideos, con hashtags, con clips recortados al milímetro, con una narrativa que se repite hasta convertirse en sentido común. En Honduras, la victoria de Nasry “Papi” Asfura fue presentada como una remontada inevitable: “orden”, “mano firme”, “gestión”, “seguridad”. Un relato simple, emocional, pensado para circular rápido.

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Pero detrás del candidato hay algo más: un modelo de comunicación que no se limita a la propaganda tradicional. Un modelo de tres capas que se viene viendo en distintas campañas de la región y que, según se comenta en el ambiente político y digital, tuvo un nombre propio como arquitecto: el asesor argentino Tom Roth.

No se trata de decir “ganó por Twitter”. Sería una simplificación. Se trata de entender cómo la campaña construyó un ecosistema donde lo institucional, lo militante y lo “alternativo” funcionaron como una sola máquina.

1) La capa “paraestatal”: la comunicación que parece Estado, pero opera como campaña

En toda elección moderna existe una zona gris: la frontera entre informar y persuadir. En Honduras, la estrategia que se le atribuye al equipo de Asfura habría explotado esa frontera con precisión quirúrgica: mensajes con estética de “gestión”, piezas que parecen comunicación pública, anuncios que se visten de “servicio” y terminan empujando una idea política.

¿El objetivo? Instalar la sensación de que el candidato ya gobierna, ya ordena, ya está por encima del barro. No convencer: naturalizar.

Cuando esa capa funciona, la campaña deja de pedir permiso: empieza a hablar con tono de poder.

2) La capa fandom: militancia con lógica de hinchada

La segunda capa es la más poderosa emocionalmente y la más difícil de discutir: las cuentas fandom. No argumentan. No explican. Vibran. Defienden, atacan, ridiculizan, celebran, convierten a un candidato en personaje.

No es solo apoyo: es pertenencia. Y cuando la política se vuelve pertenencia, la verdad pasa a segundo plano. Lo que importa es ganar la conversación del día, el meme más compartido, el recorte más hiriente para el rival.

En ese terreno, el adversario no es un competidor democrático: es un enemigo narrativo. Y la campaña se transforma en una guerra de reputación.

3) “Lado B”: el circuito que dice lo que el candidato no puede decir

La tercera capa —la más polémica— es la que se conoce como “Lado B”: canales y perfiles que funcionan como “lo que nadie se anima”, “lo que los medios no cuentan”, “lo que el candidato piensa pero no puede declarar”.

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Es una vía de doble beneficio:

  • Sirve para tirar temas duros sin costos directos.
  • Permite probar narrativas: si pega, se incorpora; si no, se abandona.

Cuando el “Lado B” está aceitado, el candidato queda limpio. El barro lo pisa otro. Y el mensaje igual llega.

El rol del asesor argentino: Tom Roth y la exportación de un método

En la historia reciente de campañas en la región aparece cada vez más una figura: consultores que no venden “spots”, venden arquitecturas. No diseñan una publicidad; diseñan un sistema de circulación.

En ese marco, distintos espacios y cuentas militantes señalan a Tom Roth como el estratega detrás de este tipo de dispositivos: comunicación “paraestatal”, fandom organizado y canales “Lado B” funcionando como satélites del mensaje central.

Su nombre ya venía sonando por trabajos previos en campañas de la región —particularmente por su paso asociado a la campaña boliviana de Rodrigo Paz— y luego por su vínculo con armados comunicacionales en distintos puntos del interior argentino. El patrón, según quienes lo describen, sería el mismo: verticalidad, segmentación emocional y capas de mensajes que se refuerzan entre sí.

Si esto es así, la pregunta no es si “es inteligente” (lo es). La pregunta es qué costo democrático tiene.

La campaña como dispositivo de poder

El éxito en redes no es solo “buen contenido”. Es una forma de conducción:

  • decide qué se ve y qué no,
  • qué escándalo vive y cuál muere,
  • quién queda como villano y quién como salvador,
  • qué conversación domina la semana.

Ese tipo de estrategia no busca solo votos. Busca control del clima social. Y cuando una campaña logra eso, llega al gobierno con una ventaja enorme: ya tiene su propio sistema de comunicación paralelo, capaz de defender, atacar, distraer o imponer agenda.

En términos documentales, el dato central no es que Asfura ganó. Es que ganó con un modelo.

El riesgo: cuando la política se vuelve ingeniería de percepción

La “ingeniería de percepción” no es una teoría conspirativa: es una descripción de época. El problema aparece cuando esa ingeniería reemplaza a la discusión pública real.

Porque si la política se define por:

  • fandoms que aplastan cualquier crítica,
  • capas “Lado B” que pueden ensuciar sin firma,
  • estética de Estado usada como propaganda,

entonces la democracia entra en una fase peligrosa: la fase donde la verdad deja de ser importante y lo único que importa es la eficacia narrativa.

Epílogo: el ganador visible y los ganadores invisibles

En toda victoria hay un protagonista y hay operadores silenciosos. Asfura es el rostro. Pero si el esquema atribuido a Tom Roth efectivamente existió y fue decisivo, entonces el triunfo hondureño también cuenta otra historia: la de los consultores que exportan modelos y moldean campañas como si fueran plataformas.

Y ahí queda la pregunta final, la más incómoda de todas:

¿Honduras eligió un presidente… o también compró un dispositivo?

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