El rebufo de Patricia

Por Ciro Sverdlik

La carrera presidencial de Bullrich, el animal político que aprendió a cambiar de auto sin abandonar nunca la misma meta

Hay tres destinos: la Vicepresidencia, la Jefatura de Gobierno porteño y la Presidencia. Bullrich avanza y termina llegando a uno: Presidenta.

Hay algo que Bullrich nunca se preocupó demasiado por esconder: quiere ser presidenta. Lo quiso antes de Javier Milei, compitió para serlo en 2023 y todo indica que todavía considera que su carrera no terminó.

Y quizás esa sea la mejor manera de leer sus movimientos políticos. No necesariamente preguntándose dónde estuvo Patricia Bullrich, sino hacia dónde estaba intentando llegar cada vez que estuvo ahí.

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Reducir la trayectoria de Bullrich a que “se cambió de partido veinte veces” es tentador, pero insuficiente. Hay algo políticamente extraordinario en una dirigente que atravesó distintas etapas, espacios y liderazgos de la política argentina y, décadas después, continúa sentada en la mesa donde se discute el poder.

Bullrich sobrevivió. Pero además compitió, gestionó, perdió, volvió a competir y se reinventó. Su recorrido habla de una enorme capacidad para detectar hacia dónde se desplaza el poder y encontrar una posición desde la cual volver a jugar. Eso es ser un animal político.

El problema aparece cuando esa misma virtud se transforma en su principal debilidad. Porque la camaleonidad que le permitió sobrevivir también dificultó que construyera una identidad electoral completamente propia, salvando a la idea de la mano dura. Bullrich puede cambiar de espacio sin desaparecer. Lo que resulta mucho más difícil es conseguir que sus votantes hagan todo ese recorrido con ella.

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Ahí aparece la gran contradicción de Bullrich. Su enorme capacidad para sobrevivir, competir y acumular poder es, al mismo tiempo, lo que históricamente le dificulta construir un electorado propio y estable. Acumuló poder sin necesariamente acumular pertenencia.

Porque cambiar puede ser una virtud política. El problema es cambiar tantas veces que el votante deje de saber exactamente qué está votando cuando te vota. En términos menos académicos: si bailás con todos, no estás con nadie.

Bullrich pudo representar diferentes cosas en diferentes momentos. Y esa flexibilidad la mantuvo competitiva. Pero también abre una pregunta incómoda: ¿qué representa Patricia Bullrich cuando le sacamos el espacio político que circunstancialmente la rodea?

image-17-1024x576 El rebufo de Patricia

En 2023 llegó finalmente a una elección presidencial. Había ganado la interna de Juntos por el Cambio a Larreta y tenía detrás suyo una de las dos grandes coaliciones de la Argentina. Pero apareció Milei, rompió el tablero y Bullrich terminó tercera. Su candidatura presidencial parecía haber encontrado un techo.

En lugar de quedarse defendiendo el espacio desde el que había competido, Bullrich leyó rápidamente el nuevo escenario. Apoyó a Milei en el balotaje y posteriormente se incorporó a su gobierno. Una vez más, Patricia había encontrado dónde estaba el poder.

Eso alimentó nuevamente las acusaciones de oportunismo. Pero visto desde su propia lógica política, el movimiento tiene bastante sentido. Si Bullrich todavía quiere ser presidenta, su mejor oportunidad probablemente ya no esté afuera del universo libertario. Está adentro.

image-18-1024x1024 El rebufo de Patricia

Alrededor suyo también empiezan a registrarse movimientos. Tom Roth aparece vinculado a conversaciones y acercamientos en torno al armado de su equipo, una señal que, sin confirmar todavía una candidatura, permite leer que Bullrich no está simplemente especulando sobre su futuro.

Hace poco la propia Patricia dió una metáfora mejor que la del laberinto: la Fórmula 1:

En el automovilismo correr inmediatamente detrás del primero no siempre significa estar perdiendo. Existe el rebufo: el auto de adelante rompe la resistencia del aire y permite que quien viene pegado gane velocidad. Si consigue mantenerse suficientemente cerca, puede aprovecharlo para intentar el sobrepaso.

La apuesta de Bullrich puede leerse exactamente así. No necesita superar a Milei hoy. Necesita mantenerse detrás. Que Milei abra el camino, consolide un electorado y convierta al espacio libertario en el vehículo dominante de la derecha argentina. Y si alguna vez aparece una recta, una sucesión o una oportunidad presidencial, aprovechar el rebufo.

image-19-1024x683 El rebufo de Patricia

Pero existe una dificultad enorme. Bullrich pasó buena parte de su carrera encontrando estructuras desde las cuales construir poder propio. El libertarismo funciona de otra manera: el fenómeno electoral es Javier Milei.

Eso significa que para concretar su ambición presidencial Bullrich necesita algo paradójico. Tiene que aprovechar electoralmente el liderazgo de un dirigente cuya centralidad hace extremadamente difícil que aparezca otro liderazgo. Necesita estar suficientemente cerca de Milei para heredar parte de su electorado, pero construir suficiente autonomía como para algún día dejar de ser simplemente una dirigente de los libertarios.

Quizás el error sea buscar una contradicción ideológica que explique toda la trayectoria de Bullrich. Hay una continuidad mucho más sencilla: Patricia Bullrich juega para Patricia Bullrich.

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