Celebrar la calamidad: cuando la tormenta deja ruina y una diputada lo llama “hermoso”

Cuando la política se reduce a banalizar la tragedia del otro, el daño va más allá del granizo: entra en el terreno de la desconexión.

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Una tormenta de granizo cayó sobre los valles frutícolas de Río Negro y dejó daños millonarios: perales y manzanos prácticamente destruidos, chacareros desesperados, familias que dependen del fruto de esa tierra para vivir. En ese contexto, la diputada Villaverde publicó un video en el que describe la caída del granizo como “hermosa” y “alucinante”, y lo que para muchos fue sólo asombro se convirtió en símbolo de insensibilidad política.

Lo que debiera haber sido solidaridad, presencia y gestión para asistir a los productores, se volvió gesto de negación de la realidad que miles viven hoy. Porque no se trataba de una curiosidad meteorológica, sino de un desastre agrícola: destrucción de cultivos, pérdidas que se miden en hectáreas y salarios congelados, y la necesidad urgente de declarar una emergencia frutícola.

Que una representante electa muestre admiración por el fenómeno que arrasa la producción de su propia provincia no es un error menor: es una bofetada al sentido común, al deber público y al dolor ajeno. Su excusa posterior —que “se dejó llevar por el momento”, que “no midió cómo podía interpretarse” — no basta para reparar la herida política ni moral.

Cuando la política se reduce a banalizar la tragedia del otro, el daño va más allá del granizo: entra en el terreno de la desconexión. Mientras los chacareros calculan pérdidas del 80 % al 90 % en ciertos campos, la diputada hablaba de “hermosas piedras”. ¿Dónde está la empatía que se espera de alguien que representa una provincia?

Este episodio no solo marca una falla individual: revela la grieta entre el discurso de los políticos y la realidad del país agrícola. Y deja una pregunta tan simple como incómoda: si quienes deben estar para acompañar, resultan celebrando, ¿a quién protege realmente la política?

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