Los trabajadores del volante en crisis: sin regulación, las apps avanzan sobre el empleo
Cada vez más taxistas ven peligrar su fuente de ingreso por la falta de controles sobre las plataformas digitales. La competencia desleal y la ausencia del Estado están dejando a miles de familias sin sustento.

La situación de los taxistas en Argentina refleja con crudeza lo que ocurre cuando el Estado se corre y deja que el mercado dicte las reglas. Desde la llegada de las aplicaciones de transporte como Uber y similares, el trabajo tradicional del volante se ha precarizado al límite. Hoy, miles de trabajadores y trabajadoras corren el riesgo de quedar en la calle.
Las apps operan en un sistema sin controles claros, sin exigencias mínimas y con tarifas abusivas, especialmente en horarios de alta demanda. Mientras tanto, los taxistas deben enfrentar un sinfín de requisitos legales, técnicos y económicos para poder circular, en condiciones que ya son difíciles de sostener.
La lógica del mercado, cuando no está regulada, siempre perjudica a los sectores populares. Y en este caso, es el trabajador el que paga los platos rotos: menos viajes, ingresos que no alcanzan, jornadas interminables para tratar de llegar a fin de mes y una competencia que no juega limpio.

Esto no es solo un conflicto entre modelos de transporte: es una disputa por el trabajo digno. Cada taxista que abandona la calle porque no puede competir es una familia que pierde su sustento. Y cada viaje que se va a una app sin control es un golpe más al trabajo registrado, a la economía local y a la justicia social.
Desde el sector reclaman lo que cualquier peronista defendería: un Estado presente, reglas claras y condiciones justas para todos los trabajadores. Porque sin trabajo no hay dignidad. Y sin dignidad, no hay futuro posible.
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