LOS DOS JÓVENES ARGENTINOS QUE LE GANARON A DURAN BARBA
En las elecciones de Bolivia, Durán Barba se llevó su primera derrota electoral de su historia, según cuenta él, y fue en manos del joven empresario Tomás Roth y su socio Eynar Ortiz, dos jóvenes argentinos que revolucionaron TikTok y juntaron los votos necesarios.

La victoria de Rodrigo Paz en las elecciones bolivianas de este año no solo representa un cambio político, sino también una transformación profunda en la forma de hacer campaña. Detrás de ese triunfo están dos jóvenes estrategas —Tomás Roth, argentino, y Eynar Ortiz, boliviano— que diseñaron una arquitectura comunicacional inédita en la región. Su propuesta, bautizada como “Lado B”, redefine el concepto de estrategia digital: no se trata de la comunicación oficial del candidato, sino del universo paralelo que la rodea —lo informal, lo espontáneo, lo creativo y lo viral—.
A través de un entramado de multicuentas, narrativas paralelas y acuerdos con influencers de todo el país, Roth y Ortiz construyeron una conversación social que escapó al control de los grandes medios y al lenguaje acartonado de la política tradicional. En lugar de imponer mensajes, generaron climas; en vez de emitir consignas, propiciaron emociones compartidas. Su campaña corrió por los márgenes, pero terminó ocupando el centro del escenario digital boliviano.
Lo más significativo es que, según cuentan en su entorno, son los primeros en haberle ganado una elección a Jaime Durán Barba, el histórico consultor ecuatoriano que durante décadas dominó las campañas presidenciales en América Latina. La frase tiene un peso simbólico enorme: dos jóvenes veinteañeros derrotando, con creatividad y lectura de redes, al estratega más influyente del continente. Es, en cierto modo, el triunfo de la intuición digital sobre el manual clásico de la política.
El “Lado B” funcionó como una máquina invisible pero potente: memes, videos cortos, mensajes emocionales y un uso quirúrgico del algoritmo de TikTok, Instagram y X. Mientras el discurso oficial de Paz se mantenía institucional, ese ejército digital creaba comunidad, empatía y sentido de pertenencia. Fue una campaña que no buscó convencer, sino hacer sentir.
Roth y Ortiz entienden que la política ya no se libra solo en debates o spots de TV, sino en la lógica de la atención: quién logra ocupar el minuto mental de un usuario en medio del ruido informativo. Lo lograron combinando humor, identidad, timing y una precisión quirúrgica para amplificar mensajes a través de miles de microinfluencers que replicaban contenidos sin parecer coordinados.
Con apenas 24 y 26 años, se convirtieron en referentes de una nueva generación de estrategas digitales que no vienen del marketing político clásico, sino del mundo creativo y de la cultura de internet. Su éxito deja una enseñanza poderosa: las campañas del futuro no se ganan con slogans, sino con ecosistemas narrativos. Y la victoria de Rodrigo Paz —la primera que le arrebata un triunfo a Durán Barba— demuestra que, en la política del siglo XXI, el verdadero poder no está en los discursos, sino en quienes saben contar las historias que todos terminamos compartiendo.
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